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Perspectives ethnographiques sur les enfants & l'enfance / Ethnographic Perspectives in Children & Childhood /Perspectivas etnográficas sobre los niños & la infancia

2034-8517

 

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León García Lam

La infancia de las cosas. Consideraciones acerca de la niñez de los pames septentrionales de Ciudad del Maíz, San Luis Potosí

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Cet article est distribué suivant les termes et les conditions de la licence CC-BY (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/deed.fr)

Résumé

L’enfance des choses. Considérations sur l’enfance chez les Pames septentrionaux de Ciudad del Maíz, San Luís Potosí. Cet article s’interroge ce que signifie être un enfant pour les Pames de Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, un groupe indigène du centre-nord du Mexique. La question fait sens, car pour les Pames, comme pour de nombreux groupes indigènes et paysans, le sens du mot « enfant » (pour les filles et/ou les garçons) ne coïncide pas nécessairement avec les définitions officielles et administratives en usage dans la vie publique du pays. Le texte évoque la possibilité que la notion d’enfance ne corresponde pas à une catégorie universelle, déterminée par un âge chronologique, mais que l’enfance ou la petite enfance peuvent revêtir des contenus différents selon les sociétés. Dans la première partie, les différentes postures vis-à-vis l’étude de l’enfance ou de la petite enfance sont examinées ; j’en conclu que la notion indigène d’enfance des Pames de Ciudad del Maíz conduit à faire deux observations : dans la première, la sexualité est vue comme marquant la limite de l’enfance ; or pour ce groupe indigène, il n’y a pas que les personnes humaines qui passent par la petite enfance. Dans la deuxième partie, deux cas sont décrits qui permettent d’illustrer l’enfance ainsi considérée : Chivito, un enfant de quelques années, et Señores Tuzos, de très jeunes adultes. Après une brève réflexion sur la contribution de l’enfance Pame à l’anthropologie de la petite enfance, je reviendrai sur les qualités qui caractérisent les êtres qui, selon la pensée Pame, jouissent de l’enfance : la tendresse, la fragilité et la froideur. La conclusion est que la compréhension culturelle nous permet non seulement de distinguer différentes conceptions de l’enfance, mais que la pensée des populations indigènes enrichit la perception de l’enfance, de la petite enfance et de l’humanité elle-même.

Mots-clés : Enfance, Pames, Ciudad del Maíz, Mexique

Abstract

The childhood of things. Considerations on childhood in the Northern Pames of Ciudad del Maíz, San Luís Potosí. This article questions what it means to be a child for the Pames from Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, an indigenous group from north-central Mexico. The question makes sense, because for the Pames, as for many indigenous and peasant groups, the meaning of the word “child” (for girls and/or boys) does not necessarily coincide with the official and administrative definitions in use in the public life of the country. The text raises the possibility that the notion of childhood does not correspond to a universal category, determined by chronological age, but that childhood, or early childhood, may have different contents in different societies. In the first part, the different postures towards the study of childhood or early childhood are examined; I conclude that the indigenous notion of childhood of the Pames from Ciudad del Maíz leads to two observations: in the first, sexuality is seen as marking the limit of childhood; however, for this indigenous group, it is not only human persons who go through early childhood. In the second part, two cases are described that help to illustrate the childhood thus considered: Chivito, a child of a few years old, and Señores Tuzos, very young adults. After a brief reflection on the contribution of Pame childhood to the anthropology of early childhood, I will come back to the qualities that characterize the beings that, according to Pame thought, enjoy childhood: tenderness, fragility and coldness. The conclusion is that cultural understanding allows us not only to distinguish different conceptions of childhood, but that the thought of indigenous peoples enriches the perception of childhood, early childhood and humanity itself.

Keywords : Childhood, Pames, Ciudad del Maíz, Mexico

Abstracto

En este trabajo se pregunta qué es ser niño para los pames de Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, un grupo indígena del centro-norte de México. La pregunta tiene sentido porque para los pames, como para muchos grupos indígenas y campesinos, el significado de niña o niño no necesariamente coincide con las definiciones oficiales y administrativas que son comunes en la vida pública del país. En el texto se discute la posibilidad de que la noción de niñez no corresponda a una categoría universal, determinada por una edad cronológica, sino que la niñez o la infancia puedan ser nociones distintas para cada sociedad. En la primera parte se discuten las distintas posturas asumidas para el estudio de la infancia o niñez; se concluye que la noción indígena de “niñez “de los pames de Ciudad del Maíz aporta dos consideraciones: en la primera, se observa a la sexualidad como límite de la niñez, y que para este grupo indígena no solo las personas humanas pasan por un estado de infancia. En la segunda parte se describen dos casos que ejemplifican los alcances de la niñez así considerada: Chivito, un niño de algunos años de edad, y los señores Tuzos, adultos muy jóvenes. Después de una breve reflexión sobre la aportación pame de la niñez a la antropología de la infancia, se analizan las cualidades que caracterizan a los seres que desde el pensamiento pame gozan de infancia: la ternura, la fragilidad y la frialdad. Se concluye entonces que la comprensión cultural no solo permite distinguir nociones de infancia distintas, sino que el pensamiento de las poblaciones indígenas enriquece la percepción de la infancia, la niñez y de la humanidad misma.

Palabras clave : Infancia, pames, Ciudad del Maíz, México

Introducción

1Hay una distancia observable entre los conceptos monotéticos implementados por el Estado o por sus acciones de gobierno y políticas públicas, basados generalmente en información estadística o “datos duros”, y los conceptos etnográficos obtenidos mediante el trabajo de campo, los cuales son a menudo considerados como “blandos”, es decir subjetivos, intencionados, cualitativos y descriptivos. Efectivamente, se trata de dos clases distintas de conceptos, construidos por mecanismos e intenciones alejadas entre sí. Las prácticas del Estado, por su condición hegemónica y regulatoria, tienden a reducir la diversidad de sentido a formas conceptuales homogéneas a fin de volver operables a las normativas. Términos como “salud” (OMS 2017), “cultura” (UNESCO 1982), “pobreza”, “discapacidad” (UN 2008), “desarrollo” (Schumpeter 1971), “indígena” (CONAFE 2014), “adolescencia” o “niñez” (UNICEF 2006), son ejemplos de conceptos cuya reducción de sentido facilita la aplicación de convenciones internacionales, campañas de atención, políticas públicas, leyes o prácticas gubernamentales.

2La etnografía estudia las nociones locales, las experiencias particulares en contextos específicos y sus resultados aportan evidencias que cuestionan los alcances de los conceptos asumidos como homogéneos y universales. Es decir que, los resultados etnográficos ofrecen casos y condiciones que pueden ser muy útiles para el diseño de políticas públicas, pues aportan datos y experiencias que las informan y las completan, pero, sobre todo, como se dice en el campo de los funcionarios públicos, las “aterrizan”, es decir otorgan un contexto concreto a las definiciones monotéticas, aunque al hacerlo, generalmente se revelan contradicciones sociales.

3Los conceptos de niñez e infancia en las políticas públicas son definidos por una edad cronológica, y las categorías de niño o niña parecieran provenir de una noción que no es problematizada sino asumida como universal y necesaria. No solo en la administración pública o en ejercicio público del aparato de Estado, sino también abundan las investigaciones de niñez que dan por hecho lo que es un niño o niña como si fueran algo dado, incluso para las investigaciones que aseguran que la niñez o la infancia son conceptos socialmente construidos, las nociones de “niña” o “niño”, son asumidas como naturales y normalizadas, sin problematizarse.

4Algunas investigaciones acerca de la infancia parten de definir “infancia” o “niño” bajo una definición etic sustentada en argumentos fisiológicos y cronológicos para luego indagar en las cualidades o notas de los niños en los distintos contextos culturales o sociales y de esta manera se preguntan qué es lo que se puede decir acerca de ellas y ellos, cómo juegan, su vulnerabilidad, su agencia, su historia, por ejemplo: Corona (2003), McNeal (2000), Olivo (2013), y la mayoría de los trabajos que aparecen en Estudios sociales sobre la infancia en México (Herrera 2007). Es decir que, en estas investigaciones aparece una noción de infancia sostenida sobre un sustrato biológico y cronológico, para observar sobre ella las distinciones producidas por la sociedad y la cultura. En estos trabajos no subyace la pregunta ¿qué es la infancia? sino ¿cómo es la infancia? Lo anterior queda reflejado en la siguiente afirmación “…podemos decir que la pregunta, desde una perspectiva bioarqueológica, no debe ser ¿qué es un niño? O ¿dónde están los niños? Sino ¿qué hacían los niños y cómo lo hacían?” (Márquez & González 2010: 69). En el texto de Santiago (2007) “Los niños en la historia. Los enfoques historiográficos de la infancia” propone una revisión de la infancia partir de un análisis de textos históricos sin encontrar (casi) incongruencias entre el concepto de niñez de una época a otra. Las niñas y los niños pueden vivir infancias diferentes de acuerdo, a su época o tiempo, pero en ningún momento se concibe la posibilidad que el concepto de niñez y de infancia sean distintos. Incluso en trabajos arqueológicos como el de Márquez y González (2010) que intentan articular “criterios integrales que no disocien al sujeto y lo reduzcan a un ente biológico”, definen infante, niño y joven en términos cronológicos (Márquez & González: 60 y 62).

5Otra manera de acercase a la infancia parte de preguntarse qué es un niño o una niña, qué es la infancia, y entonces, de alguna manera, esta “ignorancia controlada” se formula en el lugar de investigación. Al respecto, el trabajo de Romero (2008) es ejemplar. Ella se pregunta ¿qué es la niñez para los nahuas de la Sierra Negra de Puebla? No sólo nos dice cómo son las niñas y los niños nahuas, sino qué significa ser niño allá y esta postura permite la posibilidad de admitir que cada grupo pueda concebir la niñez de manera distinta. Al respecto, respondiendo a algunos autores, como Stephens (1995) que observan un problema en el complejo espectro de definiciones culturales que ponen en riesgo “de posmodernidad” al concepto de niñez, cabe recordar que la diversidad, en este caso de infancias y niñeces, no es producto del pensamiento contemporáneo, sino de la condición humana en sí (Levi-Strauss 1994).

6Mucho de lo que la antropología significa y, por lo tanto, se distingue del resto de las ciencias sociales es que toma en cuenta el punto de vista de las sociedades con las que trabaja, el cual, abstraído de un contexto local o indígena, no se compone de una sola perspectiva, sino de una diversidad de posturas e intereses que frecuentemente se encuentran en disputa. Lo cual significa para el investigador el esfuerzo emic de comprensión. Es decir, de dar cuenta del entramado de significados que corresponde a cada caso y lo que las categorías locales significan o pueden significar. Por lo tanto, desde este punto de vista, la infancia no se considera una categoría a priori, universal y necesaria, sino una noción compuesta por referentes diferentes a los institucionales, normativos o hegemónicos y a los de otros grupos sociales. Es la posición de cierta clase de investigaciones que Lancy ubica como “holding patter perspective” (2012), es decir que toma en cuenta la postura emic de la infancia, tal y como lo reconoce Scott (1997), en cuanto a los estudios arqueológicos, que recomienda no asumir una misma infancia para todas las culturas, pues esta es socialmente construida (Scott 1997: 1). Este tipo de estudios acepta las contradicciones de la vida social y de las categorías de pensamiento y para ello renuncia a concebir una definición inicial de infancia, sino que, dirige la investigación esperando resolver qué será eso de ser niña o niño para cada caso.

7Para muchos grupos, la niñez refiere a un estado incompleto, un “llegar a ser”, una categoría que refiere a lo intermedio, lo liminal o lo inmaduro que es propio de las personas que se encuentran en los primeros períodos de su vida (Lancy 2012). ¿Cuándo empieza y termina la niñez? Son preguntas que cada grupo humano responde de manera distinta. Para algunos, la niñez empieza sólo después de cometidos ciertos actos rituales que otorgan el estatus de persona a los sujetos (Suremain 2010; Romero 2008; Lorente 2012), como el primer corte de pelo, el entierro del ombligo, el primer baño, el bautizo. Para muchos grupos, lo aquí entendido por el lapso de la infancia, se segmenta en muchas categorías de vida, como ocurre con varias poblaciones indígenas mexicanas: por ejemplo, Mayra Muñoz en su tesis sobre la infancia tének de Tanlajás documenta una serie de categorías en las que se despliega la vida de lo que llamaríamos bebés, niños/as y adolescentes en términos de habilidades (dhálam t´ele [tierno], k´etetél [que gatea], tsakam tsalap [pequeño inteligente], tsakam kwitól [para los jóvenes varón*es], tsakam ts´ik´ách [para las jóvenes mujeres]), aunque estas categorías, asegura Muñoz, deben considerarse siempre asociadas a las cualidades de la planta de maíz.

8En este trabajo intento describir etnográficamente lo que significa la infancia y concretamente la niñez para los pames más septentrionales, quienes ubican sus ranchos o localidades (pertenecientes al Ejido de San José) en el municipio de Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, México, en las faldas occidentales de la Sierra Madre Oriental, en los límites con el Estado de Tamaulipas, en un lugar que algunos consideramos un espacio de frontera cultural (Chemín 1984; Gallardo 2017; García 2017). Su noción particular de infancia, sin embargo, puede compartirse hacia el resto de los grupos pames que viven en Alaquines, Rayón, Tamasopo y Santa Catarina (municipios del San Luis Potosí, México) y muy probablemente estas nociones también empaten con las de otros grupos indígenas y campesinos del país.

9Como se detallará más adelante, la infancia está delimitada en el pensamiento pame por una condición sexual. Para los pames, el concepto se extiende no sólo a las personas, sino de manera obsesiva se refiere también al estado de los astros – específicamente al Sol (Ganú) y a la Luna (Makié o Ragui) – y a otros muchos seres; razón por la cual este trabajo lleva ese título, pues varias entidades del mundo pame también gozan de infancia. Entonces, la infancia puede referir a un campo de conceptos en donde participan categorías cosmológicas como lo temporal (hay un tiempo-niño) o los astros (“la luna está niña”), culinarias y/o estéticas – como lo verde, lo frío, lo tierno –, y otras más que son difíciles de enmarcar; todas estas nociones se hallan dispersas hacia el resto de las cosas del mundo existente, incluido, el mundo mismo, pues la historia del cosmos desde el punto de vista pame ha tenido edades, y son los tiempos mítico-ancestrales las edades tiernas del mundo.

10El concepto pame más o menos equivalente a niño o muchacho es ikilí y se aplica a las personas que no se han casado o que no se han “robado a una mujer” (si son hombres) o mujeres que no han sido robadas (mejor dicho: que no se han dejado robar) entonces el sujeto pame es niño o niña desde que está en el vientre materno hasta que él o ella se “ayunta” (se une sexualmente) con alguien más. Acerca de esta consideración, cabe la pregunta qué tan joven se puede perder la niñez. Como detallaré a continuación, no sólo en el Ejido de San José, sino en el resto del mundo indígena y campesino de San Luis Potosí ocurren alianzas de individuos muy jóvenes o bien hay personas mayores que siguen siendo niños. Acerca de la juventud con la que se pueden volver adultos algunos pames, queda en la discusión sobre si este fenómeno es un producto de la situación de dominación colonial, como me fue sugerido en comunicación personal por Chemín, reflexión que puede apoyarse, con las debidas distancias, en un breve consejo que da un sabio mexica a un joven: “oye hijo mío: así es en el mundo de la reproducción, la multiplicación de la gente. Se dignó a determinar Tloque Nahuaque enviar una mujer, un hombre. Pero no te pierdas rápidamente, no te arrojes de cabeza como un perro, no caigas con los pelos de tu nuca sobre las cosas del sexo [de la tierra]” (Durán en López Austin 2004: 331), es decir si en épocas anteriores, incluso las coloniales, se prefirió a extender la infancia (Masferrer 2010: 310) o si, por el contrario, el fenómeno de los matrimonios de individuos de pocos años siempre ha sido suceso recurrente entre estos grupos.

Chivito

11“Son niñas y niños los menores de doce años, y adolescentes las personas de entre doce años cumplidos y menos de dieciocho años de edad. Cuando exista la duda de si se trata de una persona mayor de dieciocho años de edad, se presumirá que es adolescente. Cuando exista la duda de si se trata de una persona mayor o menor de doce años, se presumirá que es niña o niño” (Artículo 5. Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes).

12Para problematizar el asunto de los niños, comentaré que Chivito era un niño de 47 años. Murió, de cirrosis hepática porque fue un alcohólico incorregible. Vivió sus últimos años embriagado. Lo conocí cuando ambos, él y yo, trabajamos en las tareas comunitarias menores -las más tediosas y simples- de la confección de altares, lugar correspondiente a los antropólogos, a los neófitos, a los locos y a los niños; y Chivito no era neófito, ni antropólogo, es muy probable que sufriera de alguna discapacidad mental y, a pesar de sus años a cuestas, era niño. Chivito vivía en el solar paterno con sus hermanos varones “casados” y se mantenía (es decir pagaba “su vicio”) efectuando tareas lucrativas propias de los niños: hacia mandados y manufacturaba escobas de rosita. Chivito no heredó una milpa, no tenia derecho a voz ni a voto de la asamblea comunitaria, y era usado en el dicho, y no se sabe si en el hecho, para la satisfacción sexual de los hombres. Era común que aprovechando su embriaguez alguien le propusiera ser sodomizado a cambio de dinero o de alcohol. Chivito no era gay, ni afeminado – que los hay en el ejido – sino Chivito era niño. No faltaba quién lo viera yéndose con alguien al monte, para iniciar el escarnio social y las burlas hacia ambos.

13Así fue como lo conocí: a mí me interesaba practicar en el ejido indígena pame de San José “observación participante”, razón por la cual estuve dispuesto a colaborar con lo que fuera en la realización de las ceremonias religiosas. En la región, antes de cada fiesta, se construyen unas estructuras que llaman “portadas”, hechas de madera y carrizo, forradas de cedro o fresno y pachtle en forma helicoidal, adornadas además con “flores de sotol” y todo ello sirve para delimitar el espacio y el tiempo rituales, porque cuando hay una de esas portadas, se sabe que se está en un tiempo y lugar festivos.

14Las flores de sotol son el elemento más notable de las portadas pames y si me detengo unos renglones en su descripción, es porque retribuyen al significado pame de infancia. Dichas flores de sotol están manufacturadas con las raíces de la planta así conocida (Dasylirion Zucc) y constituyen un artilugio estético fenomenal: son raíces que al invertirse se vuelven flores. Para formar las flores, se requiere de mucho trabajo, hay que recolectar los sotoles en el monte -tarea ruda que efectúan los hombres adultos-, transportarlos hasta la localidad, y después se separan cada una de las raíces (“conchitas”) que forman “la piña” (el centro de la planta), ordenándolas por tamaños y calidades. Aquí entran ciertos criterios estéticos, se buscan las raíces más tiernas (puede leerse “más niñas”) y con la mejor coloración: “que parezcan conchitas del mar”. Una vez ordenadas las “conchitas”, se tejen por los tallos alrededor de una estructura triangular. Convertir 4 o 5 plantas de sotol en decenas de flores puede llevar varios días de trabajo a un grupo de expertos. Los niños varones participan de todo el proceso como observadores y como ayudantes (las niñas colaboran en la cocina, en las tareas menores de la confección de los alimentos festivos). Al momento de tejer las flores, los niños que participan se colocan en un lugar marginal del grupo, para colaborar en un espacio que está lo suficientemente lejos para indicar las jerarquías del grupo, pero lo suficientemente cerca para atender alguna indicación. Como he anotado ya, ciertas personas (niños, neófitos, locos, antropólogos y enfermos) realizamos las tareas menores.

15Entonces, estábamos Chivito, un par de niños y yo; sentados en la tierra, y mientras atábamos flores de sotol, los mayores se burlaban de él, le solicitaban favores sexuales y se hacían públicos sus tratos con los hombres más perversos y urgidos de la comunidad. Ese día, Chivito estaba en un estado de ebriedad mínimo, que le permitía trabajar. También, entre las burlas, algunos le daban consejos, le decían que ya no tomara, que se iba a morir muy rápido, que se acordara de fulano, otro que murió bien pronto. Chivito respondía “no, pero yo sí como…”. De alguna manera, identificaba comer con la salud. La falta de apetito era signo de enfermedad y de muerte.

16Es cierto, que Chivito desde muy tierno se aficionó a la bebida, y desde entonces casi nunca dejó pasar un día sin tomar. No sé si la bebida le ayudaba a sobrellevar la muerte de su madre, pero es probable, porque él fue el más chico (Chivito era el coyotito). Toda su vida pasó penurias y padecimientos: hambre, carencias, tenía un ojo nublado y quizá una malformación ósea que le hacía caminar de modo peculiar… “tenía los pies dobladitos”. Esas condiciones lo colocaron en un lugar marginal de su propia sociedad y por ello no se juntó con una mujer; lo que indica que de alguna manera vivió toda su vida en lugares propios de la liminaridad social. En el ejido, no se usa la palabra discapacidad – este término proviene del discurso hegemónico oficial – sino se dice de estas personas que están “malitas”, término que se acerca a la noción de padecimiento (illness), más que al de enfermedad (disease) (Amezcua 2000).

17Yo tuve la mala suerte de invitarle, quizá, los últimos tragos de aguardiente que se tomó. Fue un día que estando varios reunidos en una esquina, comíamos tunas. Chivito llegó pidiendo dinero para comprar yuko, ese aguardiente de caña de muy bajo costo. En la vivienda donde me hospedaba había bastantes de esos envases, guardados para los eventos rituales. Pedí uno y se lo di para que se “curara” y aliviara su resaca. Chivito terminó en el suelo bocarriba pidiendo más aguardiente y así como pudo se lo tomó. Alguien me dijo que, cuando Chivito abrió la boca, le vio la lengua de color verde.

18Se sabe que Chivito llegó a su casa, se acostó y murió.

19El cuerpo del difunto Chivito recibió trato de angelito, es decir de niño, de persona inocente que no conoció mujer. ¡Qué bonito se veía el cadáver de Chivito con la corona de flores blancas que le pusieron sus padrinos! San Pedro, la imagen mas grande del templo, le dio el vestido que le sirvió de mortaja, pues los ropajes de San José no daban la talla. Recuerdo bien la explicación de su funeral: “es que Chivito es niño” me explicaron, “son creencias que acá tenemos”, mientras los cantores entonaban canciones “de cuerpo” (es decir, de difunto) y “de angelito”, y de vez en cuando los cuetes siseaban llamando al alma infante de Chivito.

20Toda la noche, junto a su tumba, bebieron varios jóvenes varones – solteros y, por lo tanto, también niños –, rindiéndole un homenaje póstumo a quien se volvió ídolo, alcohólico hasta la muerte y admirado, además, por su inmunidad al poder atractivo de las mujeres, todo un hombre ese “niño”. Como puede observar el lector, el de Chivito no es el relato de un niño común, aunque las personas de su tipo son relativamente frecuentes. Pero su caso, nos permite distinguir las contradicciones del pensamiento – lo que es ser niño – y de la realidad social, y comprender así que la infancia, sus límites y condiciones no son tan fáciles de asir. En términos de políticas públicas, Chivito era un adulto soltero, no un niño. Desde la aplicación de los términos monotéticos, es preferible fallar en algunos casos como éste, que perder el control de la definición. En cuestiones de comprensión antropológica, ¿haremos lo mismo? ¿o nos atreveremos a ampliar los límites conceptuales de la infancia? Por ejemplo, el principal argumento contra una acusación de abuso sexual es que, si alguna vez ocurrió, fue como un acto consensuado entre adultos. El mejor argumento de Chivito sería aludir no al abuso sexual de un infante, sino al abuso sexual frente a la discapacidad intelectual… pero ¿Chivito era una persona en condición de discapacidad intelectual? La respuesta ETIC podría afirmar que sí, pero nos obliga a desconocer la postura EMIC que nos propusimos adquirir en este texto.

21Muy parecido al de Chivito, son los casos de Palito, de Cuervo, de Cironio, y de otros personajes locales quienes también son niños de varias décadas de edad. Muy diferente es el caso de la Tuza, señor, cabeza de familia, quien apenas cumplió los 11 años – más o menos el mismo año que murió Chivito – cuando se robó a su compañera de primaria de 10. Ambos, señor y señora tuzos, viven en una habitación compartida con los padres del chico, quien finalmente salió “hombre responsable”, y trabaja haciendo un par de mandados diarios para ganarse los $50.00 pesos (2,50 euros) con los que, compra una sopa instantánea y un refresco, que es la comida que le lleva a “la mujer”. La Tuza ya recibió una parcela de su padre y ya tiene voz y voto en la asamblea general porque ya dejó de ser niño. Los tuzos no son el único caso de adultos muy jóvenes de esta comunidad: varias personas - son convertidas en adultas y adultos antes de los 18 años, en contraste con los parámetros de la definición oficial de niño. Al respecto, viene otra contradicción: en esas ocasiones en las que, la joven pareja se embaraza y, con la venida de la nueva responsabilidad, llega también la necesidad de enrolarse en las cuadrillas de jornaleros. Por un lado, queda expuesta la explotación laboral infantil, por el otro, la apremiante necesidad del trabajo remunerado. El patrón se convierte en un explotador en caso de contratarlo y se coloca en el lugar prohibido por la Ley Federal del Trabajo; por el otro, en un insensible que, pudiendo ofrecer “un pan” a la familia necesitada, se lo niega; es decir, se coloca en un lugar que viola las reglas sociales. El sujeto -niño para el Estado y adulto para su propia sociedad- supera esta contradicción intentando violar la ley y trabajar, para cumplir con las reglas de su propia comunidad, porque en muchas ocasiones resulta preferible violar la ley, que las reglas sociales.

22Estos casos, Chivito, Palito y los señores Tuzos, nos permiten dar cuenta, que ser niño no es un estado universal, sino particular y por ende social. Ser niño o no, entre los pames de Ciudad del Maíz, tiene que ver con cierto uso de la sexualidad y es algo que se relaciona sólo tangencialmente con la edad. Para ampliar la pregunta que se hace Bonfil Batalla (1997) ¿Qué significa ser niño en el ejido de San José? La infancia es un estado de las cosas, un campo que se refiere a lo verde nk’ijil, a lo tierno nk’jijien, o a los niños, nkilii, a los nacimientos inkiung, a las semillas, a los nietos, a los estados que anteceden a la sexualidad de las cosas. Se dice que el Sol está niño desde el solsticio de invierno, es el “niño-Dios”, que la luna esta niña cuando está creciente; el sol se vuelve maduro y adulto cuando ocurre un peligroso acercamiento incestuoso con la luna (su madre), que da pie a la ritualidad de la Semana Santa, la luna madura (o maciza, es decir llena) se junta con el sol. Lo mismo ocurre con el elote, es muchacha cuando jilotea y luego amaciza y se vuelve maíz, y con todos los frutos, plantas y animales, con todo lo que crece y se desarrolla, y específicamente lo que tiene vida sexual, o como dicen “tener ganas de…”.

El límite de la niñez es la sexualidad

23Como se mencionó al principio del texto, las definiciones dominantes de niñez e infancia se conciben por medio de la cuantificación de años, basadas en argumentos biologicistas. Para los pames, la delimitante de la niñez es la actividad sexual. Desde esta perspectiva, el acto sexual convierte a una persona en adulto y no lo que aparentemente ocurre al revés, que una vez adquirida la adultez se goza de libertad sexual. La definición de lo que en México se entiende por violación equiparada nos da luz al respecto: no existe consentimiento sexual en un menor de 12 años (y de nuevo, el límite está determinado por la edad). El malabarismo conceptual al que estamos obligados a realizar, para discutir si los niños tienen o no derechos sexuales (González 2009), es producto de invertir antecedentes por consecuentes. En los hechos sociales concretos, un niño es aquel que no tiene sexualidad, pero como este fenómeno es complejo y depende de un conjunto creciente de procesos, que se desarrollan con independencia y de manera gradual, resignificados histórica y culturalmente, y construidos subjetivamente, resulta ser una condición que no podría ser radicalmente definida de una vez por todas para todos los sujetos.

24En cada caso particular, en cada sujeto, la aparición de la sexualidad es discontinua como ocurre con la mayoría de los cambios corporales (descenso de los testículos, aparición de dientes, menarquía, aparición del vello púbico, canas, etc.), en algunos casos estas manifestaciones ocurren precoces (testotoxicosis), en otros lentas (hipogonadismos), y hay en los que no ocurren nunca (orquiopexia, amenorrea, etc.). En tal caso, la caducidad de la infancia es distinta y única para cada individuo. Lo que es necesario señalar aquí, es que a pesar de que, en prácticamente todas las discusiones (aborto, lateralidad, discapacidad, etc.) se antepone la supuesta “naturalidad” de los procesos fisiológicos del cuerpo humano, para el caso de la niñez se olvida que “naturalmente” (si es que eso existe) cada individuo dejaría de ser niño en un momento distinto respecto a los demás. Si la sexualidad no sólo es una condición biológica del cuerpo, sino que, sobre todo, resulta ser un estado de la conciencia y una postura respecto a múltiples factores, como el goce, el erotismo, el género, la identidad, el poder y no solo la reproducción, la noción de niñez debiera ser igualmente compleja.

25Regresando a los pames de Ciudad del Maíz, a su concepción de lo que significa ser niño, considerando su aportación a la definición de infancia, y extendiendo su concepción emic como si fuera una noción etic, podríamos plantear entonces que las niñas y los niños adquieren sus derechos a la sexualidad y a la reproducción, de manera igualmente gradiente y procesual, de la misma manera en que van dejando de ser niñas o niños, volviéndose sujetos sexuales.

Ser niño es estar frío

26Una de las consecuencias de ser niño, tierno, verde -o como vimos asexuado-, es estar “frío” y por ese sentido asemejarse al estado femenino y esto podría explicar, aunque de ninguna manera justificar, la razón por la cual Chivito era acosado sexualmente, por cierta feminidad. Por una razón similar (Márquez & González 2010), consideran que la noción de niñez forma parte del género, porque las niñas y los niños están más cercanos al campo femenino que al masculino. A continuación, presento dos columnas de elementos fríos y calientes, y aparecen como si se trataran de categorías absolutas sólo con fines explicativos, pues el pensamiento pame es relativo y relacional.

Frío

Caliente

Niños y niñas

Viejos

Mujer

Jitomate

Hombre

Maíz

Carne de puerco

Chile

Cilantro

Orégano

Luna

Sol

Veneno

Saliva

Pulque

Mezcal

Nieve

Muertos

Granizo

Vivos

27Los niños por su condición tierna son muy fríos y los viejos son muy calientes, aunque ambos sean masculinos. Las niñas y las mujeres son frías, aunque estas últimas sean ancianas. Sin embargo, las niñas son más frías que los niños y las ancianas más calientes que las mujeres jóvenes. Por lo tanto, el pensamiento pame es relacional. Al respecto, estas categorías térmicas no se relacionan directamente con la temperatura y su comprensión permite abrir la puerta del pensamiento pame. Para profundizar en la naturaleza de las cuestiones frías y calientes hay toda una discusión mesoamericanista al respecto, encabezada por López Austin (1994), Carlos Aguado (2011), Andrés Medina (2001), etc. Comprender la relación frío-caliente explica el papel del equilibrio y desequilibrio térmicos, por ejemplo: la gastronomía pame consiste en una cuidadosa combinación de ingredientes fríos y calientes; el mantenimiento de la salud y el por qué ciertas enfermedades calientes como el trasol, el maloreo y el ojo agreden con singular afección a los infantes que, como lo hemos ya mencionado, son muy fríos, pero también explica la presencia de los niños como elementos rituales y de ciertos elementos rituales como si fueran niños.

28Al respecto, transcribo aquí, lo que Feliciano Izaguirre les dijo a los estudiantes de la Escuela de Medicina de la Universidad Cuauhtémoc, en una ocasión que le invitamos a que nos expusiera las técnicas terapéuticas de su comunidad:

29Les voy a decir esto, porque ustedes ya lo pueden entender, cuando ustedes, que tienen su novia o novio, y andan por ahí, ustedes saben, pues “de novios”, vienen bien calientes de esa calentura mala… sexual ¿verdad? y luego regresan a su casa y se arriman a los niños pequeños, entonces [estos] se enferman, les da calentura, vómito… y si no se atienden se pueden morir, aunque los vea el médico, no le hallan, nosotros decimos que se trasolean.

30Los niños son seres que se encuentran en constante riesgo, son muy vulnerables. Podría casi afirmar que, para los pames, la condición infante consiste en la fragilidad existencial misma: eso es la ternura, un estado de endeble frialdad. Valdría la pena colocar aquí, el relato de una mujer, sobre la pérdida de una hija suya, que al parecer nació con problemas congénitos, ella tuvo un hijo, y 7 “angelitos” es decir, abortos o niños muertos antes del bautizo:

31“No quería que se la llevaran a Tula (Estado de Tamaulipas) [a su nieta en trabajos de parto], porque ahí me mataron a mi niña, me la sacaron al aire, abrieron las ventanas y entró el chiflonazo de aire, no’más vi cómo se retorcía…”

32Para esta mujer, la causa de la muerte de su hija fue el contacto que recibió su cuerpo recién nacido y frágil con el aire, y la reacción le confirma sus conocimientos del mundo. Este ejemplo, nos indica, cómo es que los niños son seres fríos, cuya salud depende de un delicado estado de equilibrio. Deben permanecer abrigados para no sufrir de un enfriamiento extremo.

33Las ceremonias más importantes de su ritualidad se relacionan con la condición infante del Sol: los procesos de nacimiento y de la infancia temprana se asocian con lo que llaman “acostadas” y “levantadas”, es decir con los primeros gestos infantes: el proceso de la horizontalidad y verticalidad de los niños, cuando están acostados y cuando son levantados por sus madres; con los primeros juegos que consisten en ello justamente, en el cambio repetitivo entre estos estados.

34Esta frialdad constituye además un período de tiempo que permite la incorporación de virtudes, peculiaridades y defectos en el sujeto. A los animales domésticos y a las personas se les puede determinar como “cazadores”, “cuidadores” o “juguetones”, cuando estando tiernos se les untan grasas acompañadas de otros elementos: por ejemplo, si se quiere que un perro tenga un oído aguzado se le unta, siendo cachorro, grasa con pelos de zorra o de otros animales montaraces; del mismo modo, los infantes humanos, según datos de Olivia Fierro en la Sierra de Alaquines, pueden volverse nahuales si se les unta grasa con pelos o plumas de animales montaraces en el ombligo (Fierro 2019), es decir, que la infancia es un periodo de conformación de los sujetos que permite acercarse o alejarse de ciertas condiciones para evitar o provocar afecciones a su personalidad. Se les cumplen antojos, o se les niegan condiciones que afectarán sus rasgos de identidad personal.

35La personalidad de cada sujeto queda determinada cuando, en este lapso de vida, ocurren acontecimientos que así lo marcan: por ejemplo, una persona se puede considerar enfermiza porque siendo niña o niño sufrió de constantes ataques de mal de ojo, o haber nacido con cierta deformidad porque sufrió de un eclipse o de las consecuencias del incumplimiento de alguna regla social, por ejemplo, se dice acerca del origen de los hombres afeminados que mientras se gestaban sus padres se burlaron de otros.

36Cabe la pregunta de si Chivito, siendo “niño”, era una persona fría y de acuerdo con la opinión del prof. Dominique Chemín (comunicación personal) Chivito no era una persona fría, sino una persona neutra. Como argumenté en los primeros párrafos de este texto, los niños están en un estado liminal entre un dejar de ser asexuados y ser sexuados. Por otra parte, se es niño o adulto, es decir se es frío o caliente, pero hay personas que dejaron de ser tiernos y no adquirieron su contraparte existencial. Se quedan en medio. Estos seres “medios”, no son fríos ni calientes, sino son neutros. En el mundo pame los seres neutros son cosas generalmente blancas y, muchas veces, redondas, como los huevos, las cebollas, la cal, la sal. Actúan como aislantes en la vida simbólica y ritual, pero sobre todo como atemperantes del exceso de calor y de frialdad.

Frío

Neutro

Caliente

Niños y niñas

Viejos

Mujer

Niños

Hombre

Jitomate

Maíz

Carne de puerco

Sal

Chile

Cilantro

Orégano

Luna

Hilo rojo

Sol

Veneno

Saliva

Pulque

Mezcal

Nieve

Granizo

Muertos

Cal

Vivos

Aire malo

Huevo

Ojo/ trasol

Los elementos infantiles de la vida ritual

37Durante años me pregunté el por qué de la constante presencia de elementos infantilizados en la vida ritual de los pames de Ciudad del Maíz. Por ejemplo, en la fiesta de la Santa Cruz, se bajan de los cerros dos cruces: una gran cruz blanca del cerro principal y otra verde y pequeña que se considera “niña”, y que es cargada por niños. En la semana santa, el orden ceremonial está saturado de elementos infantiles: el cirineo es un niño, los fariseos son niños, muchas veces la diabla loca, un ser lúbrico y sensual aparece con un diablito hijo suyo, y al respecto habrá que considerar que los judas que se queman son considerados vástagos de los diablos; en las danzas aparecen siempre miniaturas de los personajes mayores como caballitos, toritos, mulitas y lo más sorprendente: viejos-niños, ancianos infantilizados; seres que, en el mundo otomí, para Galinier (1994) nacieron podridos, es decir, que reúnen en su ser toda la tensión del proceso existencial, desde la infancia a la vejez y que se observan a continuación.

38La presencia infantil en el ritual, no solo se presenta bajo la participación directa de niños (niños humanos y seres no humanos niño) sino también en la constante presencia de elementos tiernos y siempre verdes, como follajes… especies vegetales que coinciden en su connotación fría, verde, tierna, que se busca particularmente en las flores de sotol. De su condición de flores, se desea según se dice, que sean tan tiernas que parezcan conchitas del mar, y de esta libre asociación (raíces-pétalos-conchas del mar) surge un anhelo de bienestar, de vínculo con el origen, de perennidad: son raíces de la planta que se vuelven pétalos de flor y con la misma sorprendente complejidad, son formas infantiles (tiernas) que, al mismo tiempo, son sus propios ancestros, pues las conchas de mar refieren al origen del mundo. Esta última afirmación, en la que los niños cumplen el papel de ancestros, parece arriesgada, pero se confirma en varios hechos. Mencionaré dos.

39En primer lugar, atiendo a la observación de Galinier (1994) acerca de la presencia de “viejos de la danza” que paradójicamente son al mismo tiempo niños. En el tiempo inversor de una fiesta (19 de marzo, 3 de mayo, 21 de junio o 15 de agosto), no solo las flores de sotol son inversiones (raíces que se vuelven flores) sino que estas volteretas conceptuales ocurren de varias formas, cuando entre las comitivas de danzantes se presentan los “viejos de la danza”: personajes burlones, que se ha dicho en otras etnografías que son parecidos al trickster de los grupos norteamericanos (Ricketts 1966), payasos rituales, monstruos jocosos que, con gran éxito, se apropian de las máscaras de halloween (Neurath 2005). Son tan viejos como la putrefacción misma y de ahí sus rostros infinitamente arrugados y avejentados, entre más feos y monstruosos, mejores viejos. Con los viejos vienen otros seres podridos, pero pequeños, igual de horribles, idénticos, pero niños. Son viejos y al mismo tiempo niños. Su contradicción tensa las categorías viejo-niño y las separa de su diacronía, pero las actualiza en un ser que, de otro modo, sería imposible.

40En segundo lugar, quiero poner a la mesa, la participación ritual de los niños en lo que he llamado “la bendición”. Para los pames de Ciudad del Maíz, la bendición refiere al agua de lluvia o como dicen ellos “el agua que cae de arriba”, […] “Ojalá que ya caiga la bendición”, expresiones que surgen del anhelo campesino cuando más caliente y sedienta está la tierra. Desde mi punto de vista, observando la verticalidad de algunos actos rituales, me he percatado de que algunos de ellos, cumplen el papel de “bendiciones”. Por ejemplo, cuando en la Semana Santa se abre el féretro donde se depositó la imagen crucificada de Cristo, desaparece “el cuerpo” -signo inequívoco de la resurrección- y en su lugar hay globos, papeles de colores. Los mayordomos los sacan aventándolos al cielo mientras las niñas y niños se arremolinan alrededor con los brazos extendidos esperando el aletargado descenso de globos y papeles. Algo similar ocurre, cuando en la danza de caballitos broncos se capa al toro -figura dancística dominante-, y en el momento justo del capado, salen cuetes, chispas, explosiones y dulces para los presentes; las niñas y niños se lanzan hacia los dulces y se los disputan. ¿Por qué ocurren semejantes acontecimientos? Para responder a esta pregunta, se requiere un sistema de respuestas. La idea inicial es simple: la bendición requiere del sacrificio, de la destrucción de un cuerpo – Jesucristo, el toro, el viejo loco – y de un gesto vertical – la caída. Se requiere asimismo un destinatario, un traslado del agente destruido hacia otro por venir. Del ancestro remitente corre una línea tensa hacia los niños que son el receptáculo anhelante de las bendiciones.

41¿Por qué hallamos la presencia infantil de estos elementos en la vida simbólica y ritual de los pames de Ciudad del Maíz? Porque la niñez se trata de uno de cuatro ingredientes fundamentales del pensamiento pame: niño-adulto, hombre-mujer. Lo que media entre esas cuatro condiciones es la oposición sexualidad y muerte. Así es como la vida ritual de los pames de Ciudad del Maíz satura sus escenarios de elementos infantes: cosas-niño (conchitas, follajes perennes, pequeños seres del mundo-otro) pero también niños humanos que participan de la misma plegaria.

42La vida ritual de los pames puede observarse también como una gran metáfora de comer (maung), no solo porque el objetivo central de toda fiesta se dirige a alimentar a las entidades santas, sino porque es un grandioso acto de consumo, la fuerza festiva resulta ser una vorágine engullidora de tamales, yuko o aguardiente, cantos, danza, gritos, brincos, oraciones, movimientos de todas clases, un gasto energético desbordante en la cual la niñas y niños tienen un papel primordial, múltiple, y contradictorio para nuestro pensamiento. Se trata de evidenciar el consumo, que todo se acabe, se aniquile, fenezca y se agote, y al mismo tiempo se presentan follajes siempre verdes o elementos tiernos o fríos que persisten en su estado niño. ¿Qué podría significar todo este dispositivo sino una gran máquina para detener al tiempo en su momento de culminante jovialidad o una aplicación para mantener tensos los principios del mundo y realizar con ellos una gran petición de renovación?

Conclusión

43Las nociones que atienden los problemas públicos suelen reducir su amplitud de sentido a fin de lograr una mejor funcionalidad de las prácticas institucionales y normativas. La antropología puede aportar datos empíricos, a través de la comprensión cultural de los distintos grupos humanos y enriquecer a dichas nociones monotéticas. En el caso de los conceptos de infancia y niñez, estos son definidos generalmente bajo premisas cronológicas y biologicistas que aparentan universalidad y desde este punto de vista, se podrían identificar niñas y niños en todas las épocas y regiones reconociendo que sus diferencias son culturales e históricas. Sin embargo, se ha cuestionado a lo largo de este texto, el reconocimiento tácito y monotético de niña o de niño. Se ha indagado, en la intimidad de una comunidad indígena pame, septentrional, del Estado de San Luis Potosí y ellas y ellos han respondido que sus nociones de niña y niño poco coinciden con las definiciones oficiales. Para los pames, se es niña o niño desde que se crece en el vientre materno hasta que la persona se completa como un ser sexual, siendo pareja de otra u otro semejante. Ser niña o niño forma parte de un complejo campo de condiciones, que se comparten con varios seres del mundo como los animales, las plantas, los astros y todo aquello que de alguna manera tenga vida sexual. Las consecuencias del pensamiento pame posibilitan la existencia de niñas y niños de muchos años y de adultos muy jóvenes.

44Los pames no son una sociedad exótica ni exitosa en la promoción de su cultura. Antes bien, los pames de Ciudad del Maíz pasan inadvertidos por la mayoría de las políticas públicas y por las modas antropológicas. Aun así, si les prestamos suficiente atención, pueden lograr una contribución significativa a las nociones de infancia y de niñez.

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To cite this article

León García Lam, «La infancia de las cosas. Consideraciones acerca de la niñez de los pames septentrionales de Ciudad del Maíz, San Luis Potosí», AnthropoChildren [En ligne], N° 9 (2019-2020) / Issue 9 (2019-2020), URL : https://popups.uliege.be/2034-8517/index.php?id=3464.

About: León García Lam

El Colegio de San Luis A.C. Posdoctorante en el proyecto “Infancia y discapacidad: niños, familias e instituciones”, guaname@gmail.com